Maribel Palazuelos
La sed me despierta a las dos de la mañana. Llego a la cocina y veo a mi esposo sentado frente a la barra.
—¿No puedes dormir? —le pregunto
—No —contesta.
Bebo el agua y le pido que se vaya a la cama conmigo.
—Enseguida te sigo —es su respuesta.
Me acuesto y me propongo dormir, pero un recuerdo vuelve a mí y abro los ojos rápidamente.
La sed me despierta a las dos de la mañana. Llego a la cocina y veo a mi esposo sentado frente a la barra.
—¿No puedes dormir? —le pregunto
—No —contesta.
Bebo el agua y le pido que se vaya a la cama conmigo.
—Enseguida te sigo —es su respuesta.
Me acuesto y me propongo dormir, pero un recuerdo vuelve a mí y abro los ojos rápidamente.
Mi esposo murió hace dos años. Tomo el teléfono para llamar a mi madre, pero alguien se acuesta junto a mí y me abraza.
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