Karla Silva
Hoy llegó el esperado día en que iría a la Próxima Centauri. Estaba preparado, llevaba agua y varias bolsas de provisiones para el viaje, las mejores provisiones que había encontrado. Tenía todo planeado: mi viaje era de 6 horas, 37 minutos y 6 segundos con 8 paradas. Salí, y a media noche ya llevaba un buen tramo recorrido.
Hoy llegó el esperado día en que iría a la Próxima Centauri. Estaba preparado, llevaba agua y varias bolsas de provisiones para el viaje, las mejores provisiones que había encontrado. Tenía todo planeado: mi viaje era de 6 horas, 37 minutos y 6 segundos con 8 paradas. Salí, y a media noche ya llevaba un buen tramo recorrido.
Llegué a mi primera parada, Marte. Necesitaba fotografiar las rocas, pues tienen formas muy particulares que en la tierra nunca se verían, pero hacía mucho calor y para resistir el calor, nomás el de Mexicali. Mi segunda parada fue en unas pocas horas en el cinturón de asteroides, quería una roca espacial, digo, era la única vez que pasaría por ahí, tenía que llevarme un recuerdito porque de regreso... qué flojera.
Mi tercera parada fue en Júpiter, tomé diferentes muestras de tierra para poder ponerlas en un frasco, acomodarlas por tono y que se viera el degradado de su color café tan característico. En Saturno, mi cuarta parada, compré varios anillos, algunos brillaban en la oscuridad, otros eran comestibles e incluso había unos importados de la luna, eran de queso y tenían una composición muy buena, he de decir.
En el camino a mi quinta parada, un cometa pasó cerca de mí y aproveche para tomarle una foto, brillaba tanto como yo. Por fin llegué a Urano justo a tiempo para ver el festival de invierno, donde el propio planeta crea esculturas de hielo de formas divertidas; había uno parecida a un señor con cuatro brazos y un lindo sombrero. Me aseguré de tomarle foto a cada una desde diferentes ángulos. Mi sexta parada fue Neptuno, mi querido planeta azul, guardé un litro de agua para luego revisar si ya era potable. En este momento ya me urgía llegar a la Próxima Centauri. En mi antepenúltima parada, Plutón, tenía que asegurarme que siguiera siendo planeta, pues luego dicen que no es y esas son puras mentiras. El Cinturón Kupier fue mi última parada; tomé unas rocas espaciales, para después averiguar porque brillaban tanto y porque eran tan livianas... ¿estarán huecas?
Por fin, después de 6 horas, 37 minutos y 6 segundos, 8 paradas después, 4 litros de agua consumida y agotadas todas mis provisiones, pude llegar al lugar que tanto anhelaba, la Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, la tercera del sistema estelar Alpha Centauri, la más bella que había visto, y estaba justo enfrente de mí. Toda mi vida había esperado este momento. No pudimos tener mucha interacción, era muy caliente y podría derretirme, soy fuerte pero no invencible, además, de haberla seguido viendo me habría quedado ciego. Su luz era muy intensa, lo bueno es que me había traído mis lentes de sol y la pude apreciar un poco. Le tomé varias fotos y en todas salía hermosa.
De regreso, vi pasar rápidamente mis paradas anteriores, pero en ninguna me volví a detener. Casi entrando en órbita pase al lado de mis hermanos. Me entristeció verlos ahí, solos, flotando en el espacio, sin nada que hacer, habiendo ya completado sus misiones tiempo atrás, esperando que algo ocurriera. Muchos habían trabajado sin descanso para luego ser inservibles. Todos me vieron y en sus cristales pude notar la tristeza de su destino y la felicidad que sentían por mí, sobre todo lo orgullosos que estaban de que yo haya sido el primer satélite en regresar a la Tierra.
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