Karla Silva
La tarde en que empezaron a llegarle esos mensajes fue como cualquier otra y no creyó que fuera algo significativo. Los días pasaron. Llegaban más mensajes por diversos medios: cartas, textos a su celular, correos electrónicos, notas adhesivas en la primera hoja de su cuaderno, siempre con palabras que nunca le preocuparon. Pasaron varios meses, él tenía una caja grande llena de todas esas palabras que le habían llegado que para él no tenían importancia, solo las guardaba para luego reciclarlas. La escuela lo tenía más preocupado con los exámenes finales. No le importaban las cartas que decían cosas de él mismo, notas adhesivas con sus cosas favoritas y frases de sus libros favoritos, mensajes de texto con fechas importantes de su vida y correos electrónicos saludándolo. Después, los mensajes fueron cada vez menos frecuentes. Una tarde como cualquier otra, encontró una nota adhesiva de su color favorito en el cuaderno de su materia favorita la cual decía "¿Cómo no te preocupa el que yo te conozca tan bien como tú mismo? Me tomo el tiempo para esto y tú ni siquiera las lees, pues bien, los mensajes se acabaran”.
No hubo más mensajes, la escuela se llenó de reporteros, policías y paramédicos. Una joven desconocida fue detenida. La tarde en que empezaron a llegarle esos mensajes fue como cualquier otra y no creyó que fuera algo significativo. Los días pasaron. Llegaban más mensajes por diversos medios: cartas, textos a su celular, correos electrónicos, notas adhesivas en la primera hoja de su cuaderno, siempre con palabras que nunca le preocuparon. Pasaron varios meses, él tenía una caja grande llena de todas esas palabras que le habían llegado que para él no tenían importancia, solo las guardaba para luego reciclarlas. La escuela lo tenía más preocupado con los exámenes finales. No le importaban las cartas que decían cosas de él mismo, notas adhesivas con sus cosas favoritas y frases de sus libros favoritos, mensajes de texto con fechas importantes de su vida y correos electrónicos saludándolo. Después, los mensajes fueron cada vez menos frecuentes. Una tarde como cualquier otra, encontró una nota adhesiva de su color favorito en el cuaderno de su materia favorita la cual decía "¿Cómo no te preocupa el que yo te conozca tan bien como tú mismo? Me tomo el tiempo para esto y tú ni siquiera las lees, pues bien, los mensajes se acabaran”.
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