Enrique Linares
Va poniéndose el sol de nueva cuenta, y seguramente habrá de tardar algunos días en salir.
Va poniéndose el sol de nueva cuenta, y seguramente habrá de tardar algunos días en salir.
¿Qué más se puede pedir de tan sublime paraíso? Porque el otoño es un amanecer constante que se remueve al marchar cada insecto, al bambolearse los vientos del este. Esas corrientes solo son poemas de aroma a mercurio y a sal, que bautizan en cada rocío a las hojas muertas en el suelo, caídas de sus copas en eones que se han perdido en la memoria. Siguen en quietud, pagando las culpas de sus padres en este purgatorio.
Las almas de la luz brotan entre dejos de erizos y otros moluscos incómodos, acomodados ayer con la delicadeza de sonrisas y juegos infantiles. Pero ya han partido las mocedades, las canicas, gritos y brincos que llenaban de tibios alientos el lugar. Hoy el frío es la llama de los pobres, las aves y las viudas, mientras su piel va cayendo escama por escama, para ser respirados por los penitentes sobrantes. Vestidos ya no de banderas, sino túnicas, las tórtolas guardan silencios que solo ellas conocen. Los gatos y otras fieras afines quisieran hablar por ellas, pero el cesio no perdona. El cesio no perdona. Quien desee alzar la voz, será el que tire la última piedra.
Las sombras se confunden al pie del monolito, este sarcófago sagrado. No lo toques, solo contémplalo. Es el pacto por el que pagó con sangre aquel que buscaba entender. Es la zona muerta, de lluvia negra y amargos tragos prohibidos. Ahora toma el yodo, tómalo pronto, o los ángeles habrán de reclamarte como partícipe de este ritual eterno.
Las hormigas forman ejércitos sobre las aguas, las estrellas caen del cielo y brotan de insomnio como flores. Tantos racimos, los fundadores sabían, serían para los caídos. Mejor partamos de Prípiat, ciudad roja y viva de muertos, porque espero que no sea nuestro turno de enlistarnos a las faldas de esta muralla. Corre pronto. Corre ahora. No somos dignos.
Cuánta belleza. Se ha puesto el sol por nueva cuenta, y puede que sean meses los que tarde en salir. ¿Qué más se puede pedir de tan sublime paraíso?
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