jueves, 19 de mayo de 2016

El diario

Karla Silva


Al escuchar la puerta cerrarse, me apresuré a llegar a la entrada principal. Sabía que esta sería su primera parada. Alta, delgada, melena corta con algunos mechones rebeldes de color morado que caían sobre su frente, algunos tatuajes, un piercing debajo del labio inferior —justo en el centro—, piel un tono más oscura que la última vez y una vibra rara. Ella estaba al pie de la entrada y su cara expresaba timidez y desconcierto. Se notaba que se sentía como pez fuera del agua, lo cual era extraño, ya que estaba dentro de su pecera. Tosí para que me notara, y enseguida su expresión cambió; una alegría y una seguridad inmensas tomaron lugar en su rostro.

—¡Alex! —gritó mi hermana con cariño y entusiasmo—. Cuánto tiempo sin verte, querida hermanita.

—Solo cuatro años. ¿Dónde estabas? —dije secamente.

—Por ahí. Y ya te lo he dicho: el lugar no importa, sino las personas y los sucesos. Sinceridad en su voz.

—Ah, ¿y qué hiciste? ¿a quién conociste?

—Lo importante ahora es lo que te he traído —dijo misteriosa.

—Mmmm... ¿qué me trajiste? —respondí fríamente.

—Un diario escrito por mí.

—Ah... okay.

—Más entusiasmo, por favor —dijo ya un poco enfadada.

—¡Guau! ¡gracias! —exclamé sarcásticamente.

—Así me gusta. Hay que apasionarse.

—Ah...

—Toma —dijo entregándome el cuaderno en el que había escrito.

El diario era grueso, como una biblia y el volumen de una enciclopedia juntas, ambas antiguas. La encuadernación se notaba hecha a mano, sus hojas eran de diferentes texturas y colores, incluso algunas contenían dibujos extraños como de alguna tribu; estaba hecho de muchos cuadernos de distintos tamaños y varios tipos de tintas fueron usados. Olía a humedad —de seguro se le cayó en agua—, a tierra, a lejanía, a verdad y a recuerdo.
Ella dijo que iría a tomar una ducha y después dormiría un poco. Algo en su voz me desconcertó, pues sonaba nerviosa. Esperé a que abandonara la habitación para empezar a leer el diario, al abrirlo, inmediatamente sus páginas me absorbieron. Pasaron horas y terminé de leer pasmada. Fui a su habitación y la vi tumbada en su cama, la que yo había mantenido arreglada, al igual que su cuarto, que permanecía en orden como ella lo dejó. Iba con la intención de despertarla, pero la vi tan en paz, tan adentrada en su sueño, que decidí dejarla descansar, ya que por sus ojeras pude notar que hace mucho no dormía bien. Además, rara vez se puede ver a una fiera en un estado de tanta mansedumbre.

A la mañana siguiente, le dejé el desayuno preparado en el comedor para poder terminar de arreglarme mientras ella comía, pues siempre salíamos a algún lugar después de su llegada. Cuando terminé de prepararme, me dirigí hacia la cocina y vi el desayuno intacto. En ese momento, un frío recorrió mi cuerpo, y al regresar el calor, salí disparada hacia su habitación. Primero toqué con insistencia, luego le grité que me abriera, sin embargo, ella no respondió. Abrí la puerta de un golpe y ella ya no estaba ahí. No era raro que desapareciera, pero sí que lo hiciera tan pronto, usualmente me decía algo así como un adiós, y esta vez simplemente ya no estaba.

En su lugar, descansaba sobre su almohada una nota que decía: 

"Sé cómo te sientes y cómo lo escrito en esas páginas te ha afectado, cómo te cayó de golpe enterarte de cosas de las cuales ni la pregunta te habías hecho. Debe ser difícil, sobre todo porque tienen que ver conmigo, así que me voy como siempre y te daré tiempo. 

Nos vemos pronto. Te amo, hermana."

Su partida, aunque dolorosa como siempre, era necesaria ahora más que nunca. Su diario contenía 1 460 páginas, 1 460 entradas, cuatro años, innumerables verdades e interminables datos sobre su persona. En ese diario me dijo todo acerca de ella y su mundo, de sus partidas y por qué debía escapar por la noche de su propio hogar y salir por la ventana; sobre su hora favorita para desaparecer, cuando la noche es más oscura y fría, aquella hora justo antes de que el sol salga. Al aparecer la luz, ella desaparecía en el horizonte con ese primer rayo cegador. Me dijo cómo se metía en aquella luminiscencia para no ser vista.



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