El dolor de cabeza la despertó, era tan fuerte que empezó a quejarse en voz alta y el ruido provocó que la persona junto a ella se moviera y se tapara la cara con el brazo. Fue en ese momento en que se olvidó del dolor de cabeza y recordó dos cosas, la primera, que vivía sola y la segunda, que no tenía novio, así que no sabía quién estaba junto a ella y no recordaba nada después del tercer shot de la noche anterior.
Tratando de hacer el menor ruido posible se levantó de la cama sola para comprobar que estaba desnuda y que el cuarto en el que se encontraba no era el suyo, se frotó los ojos y maldijo en silencio.
No era la primera vez que le pasaba eso, hace dos meses se puso una borrachera igual y terminó acostándose con su mejor amigo. Tuvieron que terminar con la amistad porque era demasiado incómodo verse después del accidente.
Encontró su ropa interior tirada cerca del clóset, abrió la puerta del cuarto lentamente y salió a la sala donde encontró su vestido sobre el sillón y los tacones junto con su bolsa en la puerta de la entrada.
Cuando ya tenía el vestido puesto y los tacones en la mano para irse, su teléfono empezó a sonar, lo sacó de su bolso y contestó.
— Mendiga zorra, ¿en dónde estás y con quién? — era su amiga Gissel, que sólo hizo que el dolor de cabeza creciera por sus gritos.
— No sé ni dónde, ni con quién. Me acabo de despertar y estoy tratando de huir pero me interrumpiste. — Contesta susurrando y volteando a la puerta del cuarto para comprobar que el chico siga dormido. Su amiga se empieza a reír del otro lado de la línea.
— Ok, en serio que eres una zorra. No puedo creerlo, cero y van dos — y volvió a soltar la carcajada.
— Te voy a colgar, deja de reírte pendeja. No es gracioso.
— ¡Espera! No me cuelgues. — Le dijo su amiga dejando de reír. — Tienes que ver quién es, no puedes dormir con alguien y no saber quién es.
— No voy a volver ahí — le contestó — tú deberías saber quién es. ¿Qué pasó anoche?
— Mira, yo también andaba borracha, lo único que recuerdo es que cuando te iba a decir que nos fuéramos, ya habías desaparecido.
— Demonios, mejor me voy. Así no tendrá que ser incómodo cuando lo vuelva a ver porque no voy a saber quién es.
— Mira — contestó su amiga, con el tono que usaba cuando no quería que la contradijeran. — Vas a volver ahí y descubrir quién es, de lo contrario te vas a arrepentir toda la vida y cada chico que veas te preguntarás si es él.
— De acuerdo, pero en cuanto lo vea me largo. — Y le colgó sin darle oportunidad de que le contestara.
Dejó el bolso y los tacones en el sillón y lentamente regresó al cuarto; el chico todavía seguía dormido, se dio vuelta en la cama y ella se congeló del miedo, pero en vez de correr por si acaso se despertaba, se quedó viéndolo. Era el bartender del antro al que iban, se veía incluso más guapo dormido, con su cabello castaño esparcido en la almohada.
Estaba tan concentrada viéndolo que no se dio cuenta cuando esté despertó hasta que se sentó en la cama y se frotó los ojos, cuando la vio ahí en la puerta congelada como estaba, le sonrió y le hizo una seña para que entrara de nuevo al cuarto.
— Buenos días, déjame decirte que te ves hermosa en las mañanas.
Si no hubiera porque estaba agarrada del marco de la puerta, se hubiera desmayado ahí mismo frente a él.
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