martes, 1 de noviembre de 2016

Sobre la luna

Luis Iván Santillana


La clase de Filosofía nunca había sido su preferida, pero tampoco la odiaba. Como muchas veces sucede a lo largo de los años de primaria, secundaria, preparatoria, licenciatura y más allá, el problema radica en el maestro. El Profesor Mariano Soriano hablaba con un ritmo vocal más lento que una hoja de papel cayendo a través del aire y con una falta de expresividad propia de los Granaderos Británicos del Palacio de Buckingham. Era como tener una estatua erosionada por el viento y el tiempo al frente de la clase.

La noche anterior Jimena se había desvelado escribiendo un reporte para la clase de Química, y para empeorar el asunto la cafetería estaba muy llena para desayunar esa mañana. Simplemente no estaba de humor para otra clase de Filosofía.

Como una momia, el Profesor entró al salón de clases.

Buenos días. Siéntense. Sacó de su mochila un pesado libro de unas 500 páginas, y lo levantó para que la clase entera lo pudiera ver.

Hoy analizaremos a Hegel. Les presento la Fenomenología del Espíritu. Podrán conseguir una copia en Biblioteca.

¡Hegel! La cereza sobre el pastel. Y un libro que ocupaba más espacio que una tonelada de grava. “Genial”, pensó Jimena.

Solía sentarse en la última fila del aula, en el segundo lugar, junto a la pared. La temperatura del salón ese día era especialmente perfecta, ni muy fría ni muy cálida. Se recargó sobre la pared y continuó escuchando la clase.

Una piedra angular de la Filosofía moderna, Hegel nos planteaba la novedosa postura…

Jimena sintió la cabeza pesada. Luego también los párpados. Cerró los ojos unos segundos y luego los abrió sobresaltada. No podía darse el lujo de quedarse dormida en clase de Filosofía, el examen sería en tan sólo dos semanas.

Pero Hegel y el discurso del profesor Soriano daban sueño.

Se rindió ante la necesidad de dormir. No pudo más. El problema fue que el maestro lo notó, y le ordenó discretamente a toda la clase que se pusiera de pie. Sobresaltada por el ruido de sus compañeros, Jimena se levantó de un golpe.

¿Entonces que opina usted de la Fenomenología, Señorita Jimena?

Como Descartes señaló, dormir o no dormir, esa es la cuestión. Morfeo ha muerto, sigue muerto y nosotros lo hemos matado.

Ese no es Descartes. ¡Fuera de mi clase!



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